Uva de mesa: Los costos y la falta de variedades sin semilla condicionan el crecimiento
En el mundo crece el consumo de uva en fresco al 3 por ciento anual, hecho que ha sido acompañado por el mismo crecimiento en la oferta. Pero en este juego no participa Argentina. Los países exportadores son de la zona de desiertos septentrionales, como Perú, algunos valles en Brasil y Namibia en África. Hoy el costo de armar una hectárea llega a U$S 12.000-

“El consumo de uva de mesa en Argentina viene cayendo, sobre todo porque hay muchas uvas con semilla. Hoy las variedades apirenas (sin semilla) son las más buscadas por el consumidor”, comentó a Agro & Negocios el consultor agrícola Adrián Sánchez, de amplia trayectoria en emprendimientos de uva en San Juan.
Al mismo tiempo no se prepara mucha uva para salir al exterior, por lo que los productores locales optan por vender en los mercados concentradores de Buenos Aires, Santa Fe y La Plata.
En cuanto a la inversión necesaria para hacer un viñedo, dice Sánchez que “si se cuenta con la tierra y el derecho de agua o un pozo, el costo puede llegar a los U$ 12.000- por hectárea. Eso incluye preparar la tierra, armar el parral, las plantas y equipo de riego. Y si se agrega una malla antigranizo para proteger la uva en época de verano, se debe contar con otros U$ 13.000- por hectárea”.
Para que logremos tomar una cuota de ese mercado, es necesario producir lo que desea ese nuevo consumidor. Y ahí surge el tema de las variedades nuevas a las que Argentina no tiene acceso. Los propietarios de patentes de variedades de uvas aún muestran reticencia a vender a nuestros productores.
Pero además no hay un historial de manejo con esas nuevas variedades, conocimiento con el que no cuentan nuestros agricultores y agrónomos, lo que implica riesgos importantes.
¿Qué faltaría para que se dé un nuevo crecimiento de la uva de mesa en San Juan?
Según estima el consultor Adrián Sánchez, “poder tener acceso a variedades que tienen royaltie o pagan regalías, además faltan créditos para la producción y por eso lo que se hace se hace a fuerza de capital propio de las empresas”.
En cuanto a tecnología, destacó que en Argentina estamos a niveles de otros países, pero lo que falta es ser competitivos respecto del costo de producción. “Seguimos siendo caros, hay una mano de obra cara. Y también somos caros en fletes terrestres, servicios portuarios y algunos impuestos que tenemos como ingresos brutos o impuesto al cheque. Y todo eso provoca que se le reste competitividad al sector”.
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